Entre Abogados te veas

Autora: Arumi Citlalli Hernández Yóguez


Un día como cualquier otro, te encuentras ante una situación de hecho que trasciende a tu esfera jurídica, convirtiéndose en una situación de derecho; por lo tanto, requieres de la asesoría y apoyo de un abogado, así que preguntas entre tus familiares y amigos si pueden recomendarte a alguien, ellos lo hacen, programas las citas correspondientes, donde te enfrentas a lo siguiente:

a) ABOGADO NÚMERO 1: Este profesionista fue recomendado porque cuenta con la experiencia y el conocimiento que requieres, maneja perfecto las materias civil, mercantil y penal. Cuando expones tu problema te dice que te despreocupes que él se hace cargo, de entrada, solicita tu colaboración para efecto de que le proporciones la cantidad de $2,000.00 para poder tomar las copias que requiere y presentar tu denuncia en Fiscalía, más adelante te irá comentando los montos que debes estar enterando para darle continuidad al procedimiento.

b) ABOGADO NÚMERO 2: Un profesionista más joven, pero que ha sido recomendado porque es un experto en temas como el que te aqueja, éste te garantiza que tu problema va a quedar resuelto a la brevedad, te comenta que debe llevarse por la vía mercantil y te solicita $25,000.00 por adelantado, no va a solicitarte ni un solo peso más y asegura que a la brevedad estarás libre de toda preocupación.

c) ABOGADO NÚMERO 3: Te plantea la presentación de un amparo, incluso lo elabora y te lo presenta para que lo firmes, dicha promoción únicamente consta de una hoja, por la que va a cobrarte $2,000.00, esto, porque se trata de un amparo.

Ante las propuestas en comento, quedas más confundido que al principio, no sabes cuál es la opción que debes tomar y cuál de todas las propuestas realmente resolverá el embrollo en el que te encuentras. De repente, recuerdas que en la reunión de generación de tu primaria, varios compañeros comentaron que eran abogados, así que buscas a tus amigos, expones lo planteado por los tres abogados anteriores y descubres que ninguna de las propuestas era veraz.

Así es, el abogado con experiencia dejó de actualizarse, soslayando que en el nuevo sistema acusatorio penal, no se requiere presentar las copias que te comentó de manera inmediata; luego, en la segunda hipótesis te das cuenta que la vía no es mercantil sino civil, pero que también debes llevar un procedimiento administrativo y el diverso penal en Fiscalía del Estado; finalmente, el amparo es notoriamente improcedente porque se equivocaron en la vía y en la determinación del acto reclamado.

¿Cuántas veces hemos pasado por una situación similar o hemos conocido alguna de esta índole? ¿Cuántas veces se ha tildado al abogado de “rata” y/o “timador” o hemos escuchado a alguien decirlo? ¿Qué es lo que sucede en realidad?

Tristemente, la figura del abogado ha sido vilipendiada, por múltiples razones, comenzando por los propios licenciados en derecho o abogados, quienes hemos pasado por alto que, en una sociedad fundada en el respeto a la justicia, el ABOGADO tiene un papel fundamental, su misión no se limita a ejecutar fielmente un mandato en el marco del Derecho. En un Estado de Derecho, el ABOGADO es indispensable para lograr el respeto y cumplimiento de la Justicia y de los justiciables, pues tiene la obligación de defender sus derechos y libertades; es por lo tanto, el asesor y defensor de su cliente, y en todo momento deberá buscar la prevalencia de la justicia.

La misión del ABOGADO le impone deberes y obligaciones múltiples, algunas veces con apariencia contradictoria, con respecto:

  • A sí mismo.
  • Al cliente.
  • A los tribunales y otras autoridades ante las cuales el ABOGADO asiste o representa al cliente.
  • A su profesión en general y a cada colega en particular.
  • A la sociedad, para la cual una profesión liberal e independiente, regida por el respeto a las reglas que se ha impuesto a sí misma, es un medio esencial de salvaguardar los derechos del hombre frente al estado y a los otros poderes.

Luego Entonces:  ¿Qué ha pasado con los abogados para que se olviden del derecho como sinónimo de justicia? ¿Del abogado leal, correcto y con valores hacia su cliente? ¿Se debe voltear hacia nuestras universidades públicas y privadas y revisar nuestros planes de estudios o las matrículas de las universidades que han proliferado en los últimos años y décadas?¿Será que el problema radica en que existe una severa confusión en el abogado mismo?

Si, un desconcierto que no nos permite distinguir entre el abogado profesionista y el abogado profesional, habida cuenta que es muy común que estos dos conceptos se líen, cuando en realidad tienen implicaciones muy distintas, de manera que un profesionista puede no ser un profesional y un profesional puede no ser profesionista (todo un trabalenguas).

Si, un desconcierto que no nos permite distinguir entre el abogado profesionista y el abogado profesional, habida cuenta que es muy común que estos dos conceptos se líen, cuando en realidad tienen implicaciones muy distintas, de manera que un profesionista puede no ser un profesional y un profesional puede no ser profesionista (todo un trabalenguas).

Un profesionista es aquel que acudió a la Universidad y obtuvo un título universitario, pero nadie nos dice cómo fue que llegó ahí y cómo fue que obtuvo ese tan preciado título. Todos sabemos que siempre hay manera de hacer trampa en los exámenes y de copiar las tareas, incluso hay maestros que venden calificaciones y hasta universidades que venden títulos (¿cómo? tal vez en otros países, no en México).

Con esto en mente ahora podemos darnos cuenta de que no todos los que poseen un título universitario son realmente personas que asimilaron los conocimientos requeridos para ejercer una determinada profesión y mejor ni pensar en las consecuencias de ello, porque hay profesiones donde la mala ejecución del trabajo solo puede acarrear pérdidas de dinero o prestigio y aunque esto es grave (no quiero minimizarlo), comparado con otras profesiones como la del médico, psicólogo o Ingeniero civil, los errores o ese hacer trampa en la escuela puede ocasionar pérdidas irreparables de vidas humanas.

Por otra parte, un profesional es aquella persona que gusta de su trabajo y es celoso del mismo en el sentido de que tiene el orgullo de buscar siempre hacer las cosas de la mejor manera posible, se esfuerza y busca siempre cómo hacerlo mejor. Busca la excelencia aun y cuando nunca haya escuchado de las teorías de la calidad total y toda esa filosofía que ha inundado a nuestro continente.

Un profesional se reconoce porque llega a tiempo, cumple con lo que ha prometido, hace el trabajo en el tiempo que dijo, es una persona orgullosa de su trabajo, demuestra sus conocimiento y dominio de la materia, busca mantenerse actualizado pues sabe que de lo contrario, sin importar a lo que se dedique, en poco tiempo estará obsoleto; de igual manera, éste tiene una actitud de servicio muy desarrollada, tiene la virtud de la honestidad aunque pierda a un cliente y es capaz de asumir consecuencias cuando erra, porque es responsable, valora su trabajo, conoce sus limitaciones y también va más allá de sus fuerzas.

En ese entendido: ¿será que la profesión del abogado ha perdido credibilidad y ha sido denostada, porque existen algunos que no son más que profesionistas, pero para nada profesionales? o ¿será que como sociedad hemos dejado de lado la ética, el profesionalismo, la conciencia social y lo hemos cambiado por temas materiales -entre más tienes más vales-?

Todo ello en su conjunto, representa una preocupación latente, el abuso de abogados sin ética repercute en los bolsillos del ciudadano y en la construcción del Estado de Derecho, tanto, que ahora tienes que darle aviso a la autoridad fiscal si es que desarrollas actividades de las que se denominan vulnerables, y que decir de la de la iniciativa para reformar la Ley de Amparo, específicamente, el tema de sanciones, al considerar que los abogados postulantes son el detonador principal de que los juicios de amparo no se desahoguen sin dilación alguna o que, de manera sistemática, incurran en actos de corrupción; es decir ¿tenemos que llegar a la parte sancionatoria y a la imposición de penas, para volvernos profesionales y recordar que somos abogados cuya misión es buscar la prevalencia de la justicia?

Yo creo que no, que contrario a que se nos castigue por hacer mal la tarea, debemos demostrar que no somos todos los que nos actualizamos en las hipótesis expuestas en acápites anteriores, que somos más los que de manera constante buscamos ser verdaderos profesionales, que somos seres independientes, es decir, que nuestra labor se encuentra exenta de cualquier presión, principalmente de aquella que resulte de nuestros propios intereses o influencias exteriores; ya que es precisamente esta independencia la que se necesita para mantener la confianza en la justicia y en la imparcialidad del Juez.

El ABOGADO debe, por lo tanto, debe evitar cualquier atentado contra su independencia y estar atento a no descuidar la ética profesional con objeto de dar satisfacción a su cliente, al Juez o a terceros; así es, la Independencia resulta ser un requisito sine qua non en la actividad jurídica, como para los asuntos judiciales, por lo tanto, el consejo dado por el ABOGADO a su cliente carecerá de validez, si ha sido dado para complacer, o por interés personal, o bajo efecto de una presión exterior.

Y tú ¿Qué clase de abogado eres?

⭕ Carpe Diem

ARUMI CITLALLI HERNÁNDEZ YÓGUEZ

Abogada especializada en Materia Fiscal y Administrativa

Universidad de Guadalajara

Contacto: arumyoguez@gmail.com

 

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