
Aunque las mujeres han tenido siempre parte fundamental en el proceso social de nuestro país desde las culturas mesoamericanas, el movimiento de independencia, la creación de la nueva nación, luego la revolución y nuestras guerras, no fue hasta décadas después donde las mujeres mexicanas comenzaron a tener derechos políticos a través del gobierno de Adolfo Ruiz Cortines y la obtención del voto femenino allá en el año de 1953.
Pero aún con ello, no se logró la transformación del pensamiento pleno de ver a la mujer como una exclusión en la vida cultural y política en la sociedad en general, con ciertas limitantes en nuestros propios derechos. Sin embargo las nuevas décadas del siglo XXI son un momento de liberación, comenzaron a existir mujeres en puestos que antes se consideraban de poder masculino, mujeres demostrando que el intelecto, el poder físico o las habilidades no son exclusivas de un género.
En 1979 surge la convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer, reconociendo la violencia de género; pero en México, es hasta el año 2007 que se crea la “Ley General de acceso a las mujeres a una vida libre de violencia”, derivado de ella comienzan entonces instituciones especializadas en las fiscalías y los gobiernos Municipales, estatal y federal, que buscan proteger a la mujer de todo tipo de violencia ya sea física, psicológica, en el hogar, en el trabajo; lamentablemente hay mucho trabajo por hacer, continuamos frente a condiciones de desigualdad en todos los niveles, educativos, económicos y sociales.
Los movimientos de mujeres que buscan esta igualdad también reconocen que hay un riesgo en la seguridad de toda la población, sabemos que no es situación exclusiva de mujeres sufrir algún tipo de acoso o algún tipo de violencia, sabemos que los homicidios no se diferencian entre menores, mujeres, hombres y personas de la tercera edad (sin distinguir tampoco entre círculos sociales).
Diversos campos están tratando de responder y reaccionar a esta desigualdad, la sociología, la antropología, la historia, la psicología, están centrándose en el estudio de la igualdad de género, el respeto de la reproducción y perpetuación de la especie, el entendimiento de la transformación social, tratando de desmitificar la llamada masculinidad hegemónica, en donde la mujer está definida solamente como madre o como esposa o simplemente como alguien que está en casa.
Nos queda claro que en este momento de la inclusión feminista, el género masculino podría considerarse impactado, minimizado o atacado porque estos conceptos también son agresivos contra el otro género, lo primero que deberíamos comprender es que somos sólo seres humanos que compartimos espacios, preferencias, diferencias y que deberíamos respetarnos por ese simple hecho, sin considerar si perteneces a uno u otro género o formas parte del grupo LGBTTTIQ+ o que simplemente vivas en uno u otro país.
Y es que hemos malentendido tanto estos conceptos que simplemente estamos asentando la autoestima en una palabra de género, si hablamos de femenino estamos hablando de inferior o débil y si hablamos de masculino estamos hablando de superioridad y fuerza.
Debemos dejar de creer que la búsqueda de la igualdad es una amenaza subjetiva en contra de uno u otro género, puesto que el hecho de pertenecer a un género determinado no implica que no pudiéramos tener una relación igualitaria y un sistema social equitativo.
Resulta inaceptable sostener que la feminidad predispone a las mujeres para realizar ciertos trabajos de cuidado. Como es natural, esta ceguera de género dificulta el cumplimiento de una vida política democrática, considerando que una perspectiva socialmente equitativa requiere un proceso comunicativo que la sostenga es necesario el desarrollo de una nueva forma de pensamiento.
Equilibrar las responsabilidades familiares entre hombres y mujeres, la participación social, el apoyo de servicios colectivos, los cuidados infantiles, los servicios de salud, el reconocimiento del mismo talento entre unos y otros en el trabajo, nos conduce a una política qué alcance la igualdad de oportunidades.
Debemos eliminar la ceguera de género suprimiendo la educación sexista, abriendo paso a un nuevo concepto que debería conocerse como neutralidad de género.

“La legislación mexiquense debe caminar hacia una equidad de género”
En el año 2010, el Estado de México crea la “Ley de Igualdad de trato y oportunidades entre hombres y mujeres del Estado de México”, con la intención entonces de continuar buscando esta equidad de género. Con eso, el Consejo Estatal de Población del Estado de México también tiene por propósito regular y garantizar la igualdad de oportunidades en todos los géneros, unido a la Comisión de Derechos Humanos y a la Ley de acceso de las mujeres a una vida libre de violencia. De ahí se desprendió el Consejo Estatal de la mujer y Bienestar Social, con el apoyo del Instituto Nacional de las Mujeres para convertirse y elevarse a Secretaría de la Mujer actualmente.
Todos estos organismos tienen como objetivo primordial comenzar a reconocer los derechos básicos de la mujer a decidir en determinadas etapas de nuestra vida y desde nuestro propio cuerpo, aunque en la entidad mexiquense aún no se reconoce la libertad de decisión al respecto de la procreación, al menos contempla nuestro derecho a decidir el número de hijos y la edad para formar una familia. Se reconoce también nuestro derecho a la educación, aunque fragmentado dado que las mujeres no tienen el acceso a la educación o sólo tienen un acceso restringido a una educación básica sin permitir hacer una preparación profesional en varias regiones de la entidad (y del país).
Nosotras participamos de la economía, la Entidad Mexiquense tiene una gran cantidad de mujeres económicamente activas, podemos considerar que somos la mayoría de la población, eso implicaría entonces que podemos reconocer que la actividad femenina económica equivale a un 40% de las mujeres en edad de trabajar que están proveyendo de recursos a la entidad.
En el Estado de México el derecho a la participación política de la mujer en cargos de importancia y alta responsabilidad aún está muy por debajo de los niveles de desarrollo promedio propuestos por la organización de Naciones Unidas en los cargos de elección popular y, a pesar de ser 51.9% de la lista nominal, seguimos teniendo desventajas en la participación de cargos de elección popular.
Nuestra sociedad desconoce que existen leyes creadas para la protección de la dignidad de la mujer, para una vida libre de violencia, para decidir al respecto de su cuerpo. En conjunto con el trabajo que van realizando tanto la clase política, como las oficinas gubernamentales en nuestra entidad y en todo el país, deberíamos realizar adicionalmente una estrategia de difusión del Marco normativo que protege y defiende el ejercicio de los derechos de las mujeres, porque se ha notado que los propios pobladores no tienen conocimiento de qué leyes son las que nos protegen.
Este marco jurídico debemos difundirlo entre los diferentes actores de la sociedad de toda forma posible, considerando las redes sociales como un puente para llegar a las nuevas generaciones. Es imprescindible hacerlo también a través del proceso educativo, donde las escuelas permitan publicitar y hacer del conocimiento de todos los estudiantes estos derechos reconocidos en las nuevas Instituciones creadas en el siglo XXI.

⭕ Lic. Edith Jiménez Iniesta
Docente en Historia
