
En nuestro hacer diario, llámese social, financiero y ahora legal, poco a poco lo hemos estado realizando adentrándonos al mundo “virtual”; la manifestación de voluntad en diversos actos la hemos estado cambiando de algo escrito en papel a lo escrito electrónicamente en lenguaje binario sobre “bits”, así como de lo firmado con puño y letra en un documento físico a una firma electrónica o simplemente tal voluntad manifestada con un “enter”. Las imágenes han pasado de ser plasmadas en papel fotográfico, a unidades de imágenes en grises o color llamadas pixeles insertas al igual que lo escrito electrónicamente en el citado “bit”.
Increíblemente todo ello en una mano, o mejor dicho mediante un teléfono “inteligente” que cabe en la palma de nuestra mano, desde donde podemos realizar cualquier interacción de comunicación para socializar con las personas, ya sea de manera escrita o audio visual.; podemos realizar operaciones bancarias, pago de impuestos y servicios de manera inmediata, gracias a las diversas aplicaciones (APP) que así lo permiten.
El saber que con nuestro “Teléfono Inteligente”, estando en cualquier punto de la ciudad, y con el hecho de usar una simple APP, podemos tener en 20 minutos una comida o bien una compra del centro comercial de nuestra preferencia, nos suena excelente, innovador y hasta cierto punto increíble, pareciera que todo lo tenemos resuelto en el mundo virtual; pero… ¿y en lo legal?, ¿en la justicia?, ¿hemos alcanzado un nivel alto de prontitud y eficacia?, a decir verdad no.
Al menos en el Estado de México no ha sido de esa manera, el llamado “Tribunal Virtual” como innovación del Tribunal Superior de Justicia del Estado de México está lejos de ser un instrumento jurídico eficaz para la impartición de la Justicia pronta y expedita en nuestra Entidad.
Hace años se comenzaba a hablar de dicha plataforma de Justicia, pero antes de esto fue el “Boletín Electrónico”, que en sus inicios contaba con muchas deficiencias, las cuales al paso del tiempo fueron solucionando, hasta llegar a mejorarlo, y debo decir que actualmente relativamente cumple con su tarea, la cual es simplemente mostrar la lista de acuerdos o boletín judicial (principalmente) publicados en Juzgados y Salas de casi todas las materias, excepto en materia Penal.
Cuando parecía que el Tribunal Superior de Justicia tenía resuelto y a su favor la aceptación de dicho “Boletín Judicial”, intentaron promocionar una supuesta “firma electrónica” que permitiría a los Despachos Jurídicos tener en sus computadoras los acuerdos de sus asuntos patrocinados, y se hablaba de un costo monetario que representaría dicho “servicio” de justicia. Lo intentó el Tribunal Superior de Justicia del Estado de México, fue cuando ya se comenzaba a escanear cualquier promoción y anexos en las oficialías, pero la verdad de las cosas jamás lograron consolidar su proyecto innovador, y si recuerdo bien, eso provocó que el “Boletín Electrónico” volviera a las andanzas de fallas, lo que un tiempo después volvieron a corregir, y en general su proyecto de la virtualidad para la impartición de justicia quedó en la congeladora de la Judicatura sin que les importará mucho.
Pero fue precisamente con la llegada de la pandemia a inicios del año 2020, exactamente en el mes de marzo, cuando se vieron en la necesidad de cerrar las puertas de la impartición de justicia prácticamente en todas sus materias; lo que trajo consigo casi a “patada de ahogado” retomar de manera apresurada al pequeño “frankenstein virtual” sin armar.
Así fue como se comenzó a vender la idea por parte de nuestro Tribunal de aquella “respuesta a la impartición de justicia”, sí, aquella que nos decían “que la justicia no se detenía”.
Y bueno, se dio inicio a la exhortación a tramitar a “granel” la firma electrónica para abogados y clientes, eso sí con una serie de dificultades, desde la dichosa cita en la que te correspondía entrevistarte mediante video llamada con una persona del Tribunal, que a decir verdad jamás supe si era abogado, ingeniero o técnico; pero la verdad de las cosas era que muchos abogados ante el cierre de los Juzgados pensábamos que el Tribunal Virtual iba a solucionar parte del trabajo que se iba rezagando día con día en los despachos, pero no fue así, todo quedó en una serie de propaganda en la que supuestamente se resolvían en su totalidad juicios virtualmente. Y así fue en todo ese tiempo de cierre de Juzgados, simplemente la Justicia si se detuvo.
Aun después del levantamiento de las restricciones sanitarias, y el regreso a las actividades judiciales, no cambiaron mucho las cosas respecto a los beneficios que supuestamente se brinda en el “Tribunal Virtual”.
Hasta la fecha hay Juzgados en donde discrecionalmente deciden sí se te permite o no el acceso a darte de alta en el expediente virtual que se patrocina; hay juzgados a punto de colapsar en estos momentos, que evitan la celebración de audiencias presenciales, y agotan cualquier Auto o prevención para obligar a los clientes a obtener su firma electrónica con el fin de celebrar audiencia virtual.
En muchas de los juicios hay que ir de manera presencial al interior de los Juzgados a recordar al Secretario para que nuestro expediente sea “subido a sistema”, y así poder ver los acuerdos a través de la plataforma; notificaciones electrónicas tardías, es algo con lo que seguido tenemos que lidiar dentro del “correo institucional”, sin contar con una que otra experiencia de que borran actuaciones de los mismos, o no concuerdan con el sumario físico o se equivocaron al subirlo.
Estamos muy lejos de contar con un eficaz instrumento jurídico virtual; lo que tenemos hoy en día denominado como “Tribunal Virtual”, ni es Tribunal y muchas veces de lo que debería ser virtual hay que resolverlo de manera presencial. ¿Vale la pena? ~Así No~
⭕ Carpe Diem
Ignacio Colín Pérez
Maestro en Derecho Penal
Abogado Postulante
