
La vida es como una partida de ajedrez, pero la diferencia es que a lo único que se aspira realmente es a salir tablas, si bien se juega y si bien nos va y sobre todo, si somos inteligentes para jugarla.
En 2022, se cumplen 30 años de que ingresé a la Facultad de Derecho a estudiar la carrera (31 años de trabajar en el ámbito jurídico, si, ingresé en la Preparatoria como meritorio), chalan, pinche o ivm en un despacho de abogados, en 2021, me cambie de casa y en la mudanza llevaba más cajas de mi archivo muerto con papeles que muebles.
El Archivo Muerto de mis expedientes viejos, de mis documentos perpetuos ya descoloridos que me dicen que he sido un Abogado Vivo, que existe en el Mar de la Abogacía y el Desierto de la Justicia, ese lugar de exilio, un refugio exquisito, el Jardín del Edén, la Mezquita de Oro, el Templo de Elfos, el Trono de Salomón, una Abadía del Renacimiento, las puertas del cielo, las Cuatro Paredes Blancas de la añoranza y de mi esperanza.
Entonces se desvelan verdades en juicios entablados, de intentar defensas, enroques y estrategias de contención, pasa por el pensamiento la rendición, los sentidos más básicos de evolución: el resurgimiento de las derrotas para levantar de nuevo una partida y empezarla una y otra vez.
Cada archivo es un fragmento de mi profesión que descodifica mis sueños para hacer coincidir mi mente con cada idea que he tratado de prácticar para conciliarme con mi alma y espíritu.
No cabe duda que los caprichos del destino, hacen que los caminos de la vida sean cortos y accesibles, otras veces largos y sinuosos, rectos o con curvas, con subidas y bajadas, o de pase libre y con cuota, pero para algunos como los Abogados, cuando parece que hemos logrado fraguar un objetivo desarrollado mediante un plan pensado y meditado, falla y se rompe por lo más delgado, a veces el cliente, otras veces la autoridad judicial y también despistes de nosotros.
A veces se puede, la mayoría lo es, otras veces ya no se logra, por eso, deseo exilirme y buscar la paz en esas cuatro paredes blancas, que sea solo ese fragmento único de concilio con mi sueño, cero mente, solo alma, solo paz.
Esa trascendencia es necesaria, es auténtica y es urgente, desfragmentar fragmentos en tiempos de paciencia, tras el ocaso de un día, una semana, un mes, un año, un lustro, una década, saber que solo ha oscurecido y simplemente después amanece, una y otra vez, aunque no lo veamos así siempre.
La madera, se quema;
La roca, se quiebra;
El metal, se oxida;
El cristal, se rompe;
El amor, se acaba;
El corazón, se cansa;
El rostro, envejece;
El papel se desgasta y la tinta se borra.
y la Vida,
la Vida se termina de a poco, la Muerte, siempre aguarda en su Horizonte.
~LRB~
Reflexiones de Pandemia
