Ted Bundy: a Serial Killer

Autora: Iuris Consultora Legal

El término serial-killer define el tipo de persona que, sin conocimiento de la víctima, ni motivos personales, asesina sistemáticamente a dos o más individuos. Tal vez lo que desconozcan es que Theodore Robert Cowell, más conocido como Ted Bundy, fue el primer criminal de la historia denominado “asesino en serie”.

Corría la década de los años 70´s, y por supuesto había otros asesinos, pero Bundy encarnaba la otra cara de la moneda del ideal americano: era guapo, tenía carisma, gran poder de comunicación y conseguía gestionar como nadie el morbo que producía su vida y sus actos.

Los Orígenes

Como muchos homicidas a lo largo de la historia, Bundy también tiene un turbio y complejo pasado, que le dieron una complicada niñez: desde su nacimiento el 24 de noviembre de 1946 en Burlington (Vermont), Estados Unidos), no fue un niño común y ordinario. Después de que su padre, un veterano de la Fuerza Aérea los abandonara, su madre, se hizo pasar como la hermana mayor del pequeño y le hizo creer que sus padres eran sus abuelos, lo que al conocerlo fue una “explosión mental”, ya que descubrió la verdad durante su adolescencia y aquello lo traumatizó, haciendo que el germen del odio empezara a brotar.

Además, la tensión en el domicilio familiar era insoportable, la violencia era la tónica habitual, tuvieron que soportar los maltratos físicos a los que el abuelo sometía a la abuela, por lo que Louise decidió marcharse junto con Ted a casa de otros parientes en Tacoma (Washington), localidad donde conoció al que sería su marido y con quien tendría cuatro hijos más, John Culpepper Bundy. Ted adopta su nuevo y definitivo apellido: Bundy, pero ellos nunca mantuvieron una buena relación. Siempre habrá la duda de que si de haber optado por Culpepper, hubiese sido lo que fue y sobre todo tan morbosamente popular.

Las secuelas de su infancia eran cada vez más patentes, todos los traumas brotaron durante la adolescencia. Teddy se mostraba como un chico reservado, extremadamente tímido e introvertido, infantil en algunos momentos, y con tendencia a estar solo. Prefería la soledad a la compañía, por eso sus compañeros le trataban como un bicho raro, No tenía amigos Ni pretendía tenerlos. Entendemos que esa etapa de aislamiento sumada al ferviente rencor hacia su madre, le condujo a encontrar una siniestra válvula de escape: dedicarse a mutilar, dañar  y matar a cualquier animal que encontraba en su camino, ese era su “divertido hobby” del que nadie supo, hasta que los psicólogos analizaron su perfil en la cárcel.

Cuando empezó sus estudios de derecho en la Universidad, su actitud cambió por completo, su entorno estudiantil le consideraba un chico afable y con buenos modales. Era buen estudiante, activo y seductor con las chicas -aunque fuera de las aulas no mantenía ningún tipo de relación íntima con ellas-. Un hombre guapo, elegante, romántico, tierno, encantador, decían de él aquellos que le conocieron, pasó de la timidez a la seguridad, a tener un carácter dominante y de liderazgo.

Si durante la adolescencia ya cometía pequeños delitos como hurtos de objetos de lujo, en esta etapa los actos delictivos pasaron al robo de coches y allanamiento de morada. Jamás le pillaron ni le detuvieron por cometerlos.

En la primavera de 1967 se enamoró perdidamente de Stephanie Brooks, una joven estudiante de psicología -por aquel entonces, Bundy había dejado momentáneamente la carrera de derecho- muy guapa, inteligente y de una buena familia de San Francisco, hija de una acomodada familia republicana que ya había previsto un buen futuro político para “ese chico tan guapo y bien peinado”.

Aquel romance cambió para siempre a Bundy, ya que encontró en Stephanie lo que tanto ansiaba en una mujer, su ideal utópico se había hecho de carne y huesos. Tras 2 años de relación, ella decidió ponerle fin. No le convencía la sombría personalidad de Ted ni lo extraño de su comportamiento, ella tenía muy claro cuál era su camino, su novio andaba perdido y sin rumbo. Eso hizo que se desencantara del apuesto Bundy, quien no superó la ruptura y se obsesionó con ella. No podía soportar que le dejase y empezó a escribirle cartas para que cambiara de opinión.

Regresó a los estudios de derecho haciendo méritos ante los profesores. Parecía un hombre brillante pero la combinación estaba hecha, el desencadenante: una dolorosa ruptura sentimental y su adicción a la pornografía, la consecuencia: una enrevesada personalidad del verdadero psicópata.

Ted Bundy ingresa a la historia de los homicidas y sus horrores en 1974, tras haber roto la relación su novia Stephanie Brooks, fue una casualidad lo que despertó el instinto asesino del joven. Durante un viaje a California en 1973, se reencontró con ella, quien volvió a caer enamorada, pero cuando parecía que todo regresaba a la normalidad, Bundy decidió poner punto y final a la historia. Acababa de consumar la venganza que tanto tiempo había planificado. Aquel suceso despertó al “asesino de estudiantes” que iniciaría su carrera homicida en enero de ese mismo año de 1974.

Su Modus Operandi

Su “modus operandi” era casi siempre el mismo., seleccionaba una víctima atractiva [con los años escogía cada vez chicas más jóvenes y la última tenía tan solo doce años], fingiendo una lesión y llevando el brazo en cabestrillo, en el momento en el que la víctima pretendía ayudarle a entrar en su vehículo, él la reducía con gran fuerza y la trasladaba a parques o al bosque donde sistemáticamente las violaba y asesinaba con extrema violencia. Luego se deshacía de los cuerpos en cualquier lugar. Se movió inicialmente a lo largo del estado de Washington y por la ciudad de Seattle, pero con el tiempo y la presión policial amplió su radio de acción a Aspen (Colorado) y a otros estados.

En una declaración en juicio, Bundy describe en tercera persona qué le habría sucedido presumiblemente a Lynda Ann Healy, de 21 años, la noche cuando la asesino:

“Probablemente la colocaría en el asiento trasero del coche y la taparía con algo […]. Le mandaría que se desnudase y con esa parte de sí mismo satisfecha, se vería en una situación en la que se daría cuenta de que no podía dejarla marchar. En ese punto la mataría y dejaría su cuerpo donde lo había cogido”.

La técnica que empleaba era simple: valiéndose de su carisma y atractivo físico, se colocaba el brazo en cabestrillo y se paseaba alrededor de alguna de sus víctimas, sujetando con el otro brazo una pila de libros que intencionadamente dejaba caer; entonces, las chicas no dudaban en ayudarle a recogerlos e introducirlos en su vehículo, agradecido, él les pedía que lo acompañasen a tomar algo para “recompensarlas”. La mayoría cayó en su trampa, incluso hubo alguna que condujo su coche; pocas salieron corriendo.

Con el fin de cometer un crimen que no asociaran con sus otros crímenes, Ted Bundy decidió cambiar los escenarios y viajar a través de Estados Unidos. De esa manera recorrió Washington, Utah, Colorado y Florida, dejando atrás multitud de raptos y asesinatos. El modus operandi empleado por el asesino siempre era el mismo: secuestraba a sus víctimas, las llevaba a un lugar seguro para no correr riesgos, las estrangulaba hasta que fallecían y, una vez muertas, las sodomizaba con algún objeto contundente o incluso con su propio pene mientras mordisqueaba sus cuerpos.

En este tiempo siguió consumando más crímenes y empezó a cometer errores, se volvió descuidado porque ya no asaltaba a sus víctimas al caer el sol, sino también durante el día, de hecho, su poder de seducción cayó en picado y muchas de ellas salían corriendo al ver su extraño comportamiento, la policía comenzó a relacionar todos los asesinatos. Algunos testigos describieron el físico de Ted, pero se hacía imposible encontrarle, ya que cambiaba de aspecto continuamente. Modificaba su peinado, se dejaba barba o se afeitaba; además, sus rasgos físicos no llamaban demasiado la atención por lo que no levantaba sospecha alguna.

b2e81fa630d76954f5794056ba31bdb4.jpg

El resumen general de sus crímenes, Bundy era impetuoso y desordenado, su patrón obedecía a un impulso criminal irrefrenable; simplemente cazaba para apaciguar sus deseos de sexo y dominio. Su mente decidió instalarse en un lugar donde los sueños abstractos de la imaginación infantil son sustituidos por la arquitectura del control homicida.

Las Victimas

Las cifras oficiales de los crímenes de Bundy apuntan a 36 víctimas, pero los investigadores subrayan que fueron en torno a más de 40; su primera víctima fue la joven Joni Lenz, de 18 años, a quien asaltó en la habitación de su residencia, la golpeó brutalmente con un objeto metálico y la penetró con un trozo de madera que había arrancado de la cama, logró sobrevivir pero con daños cerebrales irreversibles. No transcurrió ni un mes del primer crimen, cuando en el mismo campus universitario, secuestraron a otra joven Lynda Ann Healy, que aunque en la habitación de la joven hubo signos visibles de sangre, sus restos aparecen descuartizados un año después en un bosque cercano.

Esos primeros crímenes le dejaron con ganas de más, y entonces, definió el tipo de sus victimas,  las elegía siempre muy similares: siempre jóvenes universitarias, de piel blanca, atractivas, de cabello negro y peinadas con raya en medio. Eran una replica de su ex novia y amor imposible Stephanie Brooks.

Durante los meses siguientes, multitud de chicas continuaron desapareciendo sin dejar rastro. las metía en el coche y se iba con ellas a algún lugar apartado, donde las violaba, torturaba y asesinaba. Así murieron, entre otras, Carol Valenzuela, Nancy Wilcox, Susan Rancourt, Donna Mason, Laura Aimee, Brenda Ball, Georgann Hawkins, Melissa Smith o Caryn Campbell.

Curiosamente, su primer arresto ocurre el 16 de agosto de 1974 en Utah, después de que una mujer lo identifique como su posible secuestrador; le condenan a un año de cárcel en la prisión de Colorado, pero consigue fugarse antes de llegar y desaparece durante varios meses.  El 8 de noviembre de 1974 todo cambió para Ted Bundy cuando tras elegir en una tienda de libros a su próxima víctima, Carol DaRonch, se hizo pasar por un oficial de policía. La persuadió para que se subiera al coche con la excusa de que habían intentado robarle y durante el trayecto inició un forcejeo con ella. Él intentó esposarla, pero la muchacha logró deshacerse de él y saltó del coche. Bundy bajó del automóvil, pero la joven le propinó una fuerte patada en los genitales y salió corriendo salvando su vida.

Tal era su sed de sangre que unas horas más tarde Ted decidió buscar otra víctima. No encontraron el cadáver, pero sí las llaves de las esposas que previamente había utilizado con Carol. El círculo se estrechaba. La pista del coche y el testimonio de la superviviente resultaron determinantes.

Pero tuvieron que pasar casi 9 meses, hasta que el 16 de agosto de 1975, un guardia de seguridad parase a Bundy mientras merodeaba por una zona residencial. Durante el registro del coche encontró unas esposas, una piqueta, una media, un pasa montañas, varios metros de cuerda y trozos de una sábana blanca, la policía acababa de dar con el agresor de Carol.

En los siguientes 3 meses, las autoridades investigaron en profundidad la vida de Bundy y tomaron declaración a varios de los testigos, incluida su expareja Elizabeth Kendall. Tras su arresto, el 23 de febrero de 1976 comienza el juicio contra Ted por intento de secuestro con agravantes. Él creyó que se iba a librar, pero cuando Carol DaRonch explicó lo acaecido aquella tarde mientras lo señalaba como el único culpable, Bundy rompió a llorar negando todos los cargos, haciendo un show de sí mismo.

El juez lo sentenció a 15 años de cárcel con posibilidad de libertad condicional y una vez en prisión pasó una serie de pruebas psicológicas, el resultado de los informes fue que no estaba loco, ni era psicótico, ni un desviado sexual. Su único problema era la fuerte dependencia que tenía de las mujeres y su temor a ser humillado por ellas.

En abril de 1977, Bundy se prepara para un nuevo proceso y lo trasladan al condado de Garfield, donde decide defenderse a sí mismo. Su verdadera estrategia era escapar. Y así lo hizo. Durante varios días estuvo desaparecido, pero lograron capturarlo. Sin embargo, volvió a fugarse, esta vez a Florida. Mientras tanto las autoridades intentaban encontrarlo y relacionar todas las pruebas descubiertas en su vehículo con las pruebas recogidas en las escenas de los crímenes. Podía haber pasado desapercibido, pero su impulso asesino hizo que volviese a las andadas en otro colegio mayor femenino, Chi Omega.

En los 6 meses que Bundy estuvo desaparecido, 7 mujeres fueron atacadas y asesinadas, entre ellas una niña de tan sólo 12 años, a la que violó brutalmente (vaginal y analmente), estranguló y degolló. Todo el condado de Florida estaba aterrado por la sucesión de crímenes. La pesadilla acabó la noche entre el 14 y  15 de febrero de 1978, cuando un policía mandó parar su coche al percatarse de que conducía de forma extraña, le identificó y fue detenido ipso facto.

Criminalística Forense

Las investigaciones revelaron que en todos los crímenes se había utilizado el mismo coche, un Volkswagen Sedán de color blanco. Pero fue el retrato robot elaborado entre los oficiales de Utah y de Washington lo que puso en el buen camino a la policía.

22c467d04796e2ff529d5f22d77a2843.jpg

Las pruebas que se aportaron durante el primer juicio fueron determinantes, especialmente una: el molde que un odontólogo hizo de los mordiscos de las víctimas y que coincidía con la dentadura del presunto criminal. A pesar de que Bundy se defendía a sí mismo, los moldes, las fotografías, los indicios y los testimonios le relacionaban con los casos de asesinatos ocurridos en varios condados.

Sus Juicios y la Pena de Muerte

En su Primer Juicio por los asesinatos de Lisa Levy y Margaret Bowman el 23 de julio de 1978, tras varias horas de deliberación, el jurado lo encontró culpable, el Juez sugirió que lo condenaran a la silla eléctrica. El segundo juicio, esta vez por el asesinato de Kimberly Leach, se celebró el 7 de enero de 1980 en Orlando (Florida). Esta vez Bundy prefirió no auto defenderse y sus abogados intentaron apelar a la incapacidad mental. Sin embargo, nadie les creyó.

La fecha elegida para cumplir la  sentencia de pena de muerte fue el 24 de enero de 1989, ese día  fue ejecutado en la silla eléctrica de la prisión Starke en Florida, antes de ya no poder apelar, Ted lo había intentado todo para salvarse y, tras fracasar, decidió confesar todos sus crímenes. Su última voluntad fue ir al baño para evitar hacerse sus necesidades encima y ver a un sacerdote. Tras su muerte, los medios de comunicación Titularon la noticia: “Murió el Animal”.

Curiosidades del Asesino

Durante su graduación en la Facultad de Derecho, Bundy llegó a decir: “Veo en la abogacía una respuesta a la búsqueda del orden”. Como descubriremos ahora, esto sería un sinsentido porque en su vida jamás cumplió ni cumpliría una sola ley. Hasta formó parte de la campaña republicana para reelegir al gobernador de Washington. La tapadera estaba asegurada.

Tuvo una novia por varios años, Meg Anders también conocida como Meg Kloepfer, mujer recién divorciada y con una niña pequeña. Una vez que Bundy fue arrestado por la policía, ella publicó un libro bajo el pseudónimo de Elizabeth Kendall, en el que explicaba su relación con el asesino. A lo largo de sus páginas, narró cómo en el momento de mantener relaciones sexuales y para llegar al orgasmo, Ted le pedía que se quedase completamente quieta, que fingiese estar muerta. Ésa era la única manera que tenía de alcanzar el clímax, además de que en una ocasión trató de matarla asfixiándola con humo de la chimenea mientras dormía.

Marylynne Chino, una amiga de Meg Anders, identificó dicha imagen con la del asesino. El parecido del retrato robot con él era asombroso y se comprobó que muchos de los detalles del caso también apuntaban a él, se percataron que tanto el hombre buscado como Ted conducían el mismo coche y que en su casa él tenía muletas y escayola. Así que llamó de forma anónima a la policía contándoles lo sucedido. Sin embargo, a pesar de contrastar toda la información, cuando los testigos vieron su foto, dudaron de que Bundy fuese el verdadero criminal. La policía había estado a un paso de capturarlo, pero prefirió seguir otras pistas.

84711425371a04698e0459aced6ae5bf.jpg

Durante su frenesí homicida, su poder de seducción cayó en picada y muchas de ellas salían corriendo al ver su extraño comportamiento, algunas sirvieron como testigos relevantes durante el juicio.

Al respecto y para desmontar la teoría de su propia defensa [despidió a su abogado], la fiscalía recordó al jurado que “ningún cerebro se comporta de forma moral o no, quien lo hace es la persona que se sirve de él”.

Bundy puso de moda el género televisivo de los true crimes, utilizados como entretenimiento, reportajes y programas especializados en el amarillismo, la exageración, la mentira y el sensacionalismo criminal en Estados Unidos basados en el “buitreo periodístico” y la “noticia carroña” donde todos los personajes forman parte del espectáculo.

El glamour, carisma y atractivo físico (belleza) rompieron el tipo penal de los criminales sádicos y psicópatas que había,  siempre habrá un antes y después de Ted Bundy, ya nada es lo que parece y mucho menos alguien que cuadra con los estereotipos de la sociedad. 

Su más famosa confesión: “Nosotros los asesinos en serie somos sus hijos, somos sus maridos, estamos en todas partes; y morirán más de sus hijos mañana”

Carpe Diem

~Iuris Consultora Legal~

Firma de Abogados

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto:
search previous next tag category expand menu location phone mail time cart zoom edit close