De Estirpe y Alcurnia

Autor: Ignacio Colín Pérez

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Siempre había pensado que el apellido paterno otorgado a un hijo, insertado inmediatamente después de su nombre de pila (primer lugar), era un Derecho ya ganado para aquellos Padres varones dentro de un registro civil; y lo tenía pensado en razón a los siglos y siglos con que se venía desarrollando en México, y más aún, algo ejercitado en diversas culturas del mundo desde sus inicios.

En el caso de la cultura Romana, por ejemplo, el Pater Familias era aquel en el que recaía todo control de personas y bienes que pertenecían a la familia; similares condiciones encontrábamos en las culturas Egipcia, Hebrea y Judía, de esta ultima aún en nuestros días no basta con el apellido del Padre para ser identificado, sino que se pide el nombre del Progenitor.

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Pudiera entenderse como parte de una costumbre o tradición el inscribir el apellido paterno en primer lugar, o antes que el de la madre en el registro de un hijo, pero actualmente, se ha dado la variación sobre quién debe recaer este derecho; es decir, la tendencia sobre la igualdad de género que se da en la actualidad, ha permitido otorgar poco a poco la posibilidad de que también pueda ser el primer apellido de la madre el que aparezca como el primer apellido del hijo a registrar, en Mérida, Campeche, Morelos, CDMX y el Estado de México, son las entidades Federativas que ya permiten tal situación, en algunos otros Estados de la República se establece en primer orden el apellido del padre, y en algunos otros Estados si bien no se establece un orden como tal, se estila dejar el apellido del padre en primer lugar.

El uso del apellido paterno inscrito antes que el de la madre, permite un cierto orden dentro del control de los registros oficiales correspondientes; limita las modificaciones o variaciones futuras de nombres a través de “rectificaciones”; como también establecía una continuidad y certeza dentro de las llamadas cronologías familiares.

Pero al igual es cierto que era motivo de orgullo para los hombres padres dar su apellido a sus descendientes, así como de aquellas madres que lo llevaran sus hijos, lógicamente en primer lugar; era causa de una continuidad del apellido del hombre, algo de una familia tradicional, en donde el apellido paterno representaba en muchos casos honor, seriedad, prestigio, etc.

Las cosas van cambiando, y en nuestro Derecho de igual manera; actualmente la Suprema Corte de Justicia de la Nación ha determinado que es inconstitucional establecer como una obligación que los recién nacidos lleven primero el apellido paterno, basándose en aquello que determinan Libertad, específicamente en lo que se refiera a la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer.

Pero me pregunto, ¿en verdad esto va a beneficiar más de lo que puede afectar?, considero que de esta nueva “tendencia” obtendremos una diversidad de problemas, que hasta cierto punto resultarían innecesarios; esto de la mano con la “Libertad” que se acompañará con el derecho de cambiar de nombre, una “tendencia” más que se sumará a aquellas que provocarán más problemas a los Estados de los que actualmente tienen en este rubro.

Un ejemplo de ellos será la corrección de acta de nacimiento por cambio de género, es decir aquellas personas que nazcan con un determinado sexo, y que más adelante (según sus preferencias sexuales) decidan modificar su nombre para “adecuarse” a una realidad social; situación que no solamente tendrá impacto de manera superficial, sino que lo será dentro de documentación oficial y registros oficiales, ¿luego entonces que pasará con aquellos antecedentes documentados con el nombre y sexo anterior?, esos que le generaron derechos y obligaciones a la persona.

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En un caso especifico, ¿qué sucedería si al nacer un menor, tanto el padre como la madre renuentes no se pueden poner de acuerdo de quien llevará el apellido en primer lugar su descendiente?; seguramente entraríamos a una controversia familiar judicial, en donde no encuentro cuales podrían ser los elementos para que el Juzgador llegará a una convicción y determinar quién de los padres tendría mejor derecho.

En éste caso concreto, no veo más que la postura de un Juez de discordia, o bien, probablemente y con esas “tendencias de derecho innovadoras” que se practican en la actualidad, le darían el derecho de preferencia a la mujer, como se hace en la guarda de los menores a determinada edad.

En realidad me pregunto ¿es necesario?.


⭕Carpe Diem

Ignacio Colín Pérez

Maestría en Derecho Procesal Penal

Abogado Postulante y Titular en el Despacho Jurídico “Abogados & Asociados” A.C.

Catedrático en la Universidad del Valle de México

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