Réquiem para una Profesión Vulnerada

Autor: Luis Blanco S.

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¿Cómo se alcanza el éxito en la abogacía?

En México ha existido, existe y tal vez siempre existirá un grave problema para nuestra profesión: el éxito en la abogacía es fuertemente influenciado por las relaciones que se forman con las personas que controlan los distintos ámbitos de la vida social, económica y política.

Muchas personas deciden entrar a la escuela de Derecho para ser Licenciados porque se cree que ejercer la Abogacía genera amplias ganancias económicas, así como respeto de la población y acceso al poder, pero contrario a esta concepción y apreciación popular, este estereotipo no es cierto, pues hay muchos abogados y abogadas que no tienen éxito, ni en el ámbito económico ni en el profesional.

Milstein y Salazar (Larissa Adler Milstein antropóloga especializada en las ciencias sociales de México y Latinoamérica y Rodrigo Salazar, investigador y doctor en política por la UNAM), en su texto “Elementos culturales en el ejercicio profesional del derecho en México. Redes informales en un sistema formal” observan que, queramos o no, las relaciones profesionales son de suma importancia para que una persona se desarrolle en el ámbito del Derecho.

Su estudio sugiere que en México el éxito no sólo se debe a los conocimientos técnicos (know how), sino también a las conexiones y contactos (know who).

Para sustentar su postura, en su estudio conciben un esquema en donde las relaciones de poder funcionan como pirámides que se comunican entre sí, las pirámides representan distintos poderes: político, económico y laboral. A las personas con poder les beneficia establecer relaciones en todas las pirámides; por ejemplo, tener una hija(o) en la política y ser amigo(a) de una líder sindical es provechoso para un empresario. Mediante estas relaciones, quienes encabezan las pirámides controlan el poder y constituyen la clase social dominante.

Su critica es abiertamente contra que las relaciones personales faciliten el éxito en la abogacía, así como el pertenecer a un estrato social alto, ya que este modelo pone en desventaja a quienes no forman parte de las esferas de poder. Ser conscientes de las prácticas sociales en la abogacía nos hace reflexionar sobre el papel de la educación jurídica, ya que, si bien es importante mejorar el conocimiento académico, es esencial tomar en cuenta otros factores, como las habilidades sociales o condiciones socio-económicas de sus profesionistas, sin embargo las universidades no pueden combatir la inequidad en el ambiente profesional y han fracasado porque no pueden hacer desde sus aulas y bibliotecas que haya en la abogacía un ambiente justo para todas aquellas personas ilusionadas con el mito del Abogado.

En las universidades se observa claramente esta situación, pues son pocas las interacciones y relaciones que surgen entre personas de distintos estratos sociales, incluso en instituciones donde hay diversidad socio-económica en el cuerpo estudiantil (por ejemplo, la UNAM). En el caso de las universidades élite, el costo de la colegiatura impide el acceso a personas de diversos contextos, generando así espacios donde sólo los poderosos pueden relacionarse, los condicionan a sus ideales jurídico-legales, intereses políticos y sobretodo, a vivir con principios de economía financiera que vulnera los derechos elementales de las personas y ciudadanos, derechos humanos y garantías individuales, llegando al extremo de que esos licenciados en derecho sean solamente secretarios ejecutivos en despachos y firmas legales que funcionan como escritorios públicos haciendo cada día más, que el derecho sea vulnerado por usos bancarios, opiniones de periodistas, dictámenes inconclusos de financieros que nunca han vivido una vida normal y slogans de vendedores ambulantes.

Debido a esta situación, a que no se valoran más las habilidades y conocimientos de quienes ejercen la abogacía por sobre sus contactos e intereses, que los buenos y mejores abogados y abogadas se van extinguiendo y acabando diariamente, que no hay acceso a la justicia para los ciudadanos y el Estado de Derecho se ha diluido, el que suscribe pienso cada vez más en un retiro y aislamiento de lo que hago para sobrevivir.

los dejo con un poema del maestro Jorge Luis Borges, que siempre y por siempre, será un réquiem para una persona:

Soy el que sabe que no es menos vano que el vano observador que en el espejo
de silencio y cristal sigue el reflejo o el cuerpo (da lo mismo) del hermano.
Soy, tácitos amigos, el que sabe que no hay otra venganza que el olvido
ni otro perdón.
Un dios ha concedido al odio humano esta curiosa llave.
Soy el que pese a tan ilustres modos de errar, no ha descifrado el laberinto singular y plural, arduo y distinto, del tiempo, que es de uno y es de todos.
Soy el que es nadie, el que no fue una espada en la guerra.
Soy eco, olvido, nada.

⭕ Carpe Diem

 Luis Blanco Sánchez

~Abogado~

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