Mi Razón de Ser Abogado

Autor: Víctor Aguilar.

Corría la década de los 80´s, con sus colores neón, las chicas utilizaban buena parte de su tiempo en perfeccionar el copete de su cabello, mientras usaban grandes cantidades de fijador. Las salas de cine presentaban a Marty Mcfly en sus aventuras por el tiempo, en tanto Rocky hacía gala de una admirable fortaleza de espíritu y de corazón, acabando con un rival que parecía indestructible, por su parte, Michael Jackson acaparaba las portadas de las revistas musicales mientras en nuestro país la efervescencia mundialista estaba a tope con el campeonato mundial del 86 y un Maradona sublime.

Fue en ese tiempo en el que comencé a soñar con el futuro. Como muchos niños mis primeros pensamientos me colocaban a la postre anotando goles con la casaca de mi equipo favorito y ese fue mi gran sueño durante muchos años. Eran los años de formación básica escolar en los cuales lo único importante para un infante parece ser el elaborar sueños en una época, que, sin duda alguna, lo permitía.

Nuestra sociedad es exigente con cada uno de sus miembros, parce ser que existe un sentido de urgencia por su parte para que cada uno de nosotros tomemos las decisiones importantes en los momentos que ella misma establece, dejando poco tiempo o espacio para seguir soñando, para intentar ser feliz, o simplemente para disfrutar cada una de las etapas de la vida.

Cuando eres niño y estas por terminar la educación primaria, se te pregunta en que secundaria continuaras tu formación, y al estar a la mitad de esta ya te cuestionan sobre la preparatoria y posteriormente, al estarla cursando irremediablemente viene “LA PREGUNTA” ¿y qué vas a estudiar?, y desde el momento en que a alguien se le ocurre formular este cuestionamiento tu vida cambia sin remedio, porque entonces te das cuenta de que tu propósito de vida no es el estar por siempre como hijo de familia o estudiante, y te percatas de que tendrás que tomar esa decisión la cual será irremediablemente fundamental en tu existencia, pero también te percatas de que quizá en ese momento no tienes el bagaje cultural o la madurez para decidir adecuadamente; después la misma sociedad se encargará de cuestionarte sobre cuándo y con quien te casaras y después sobre cuántos hijos tendrás y cuando piensas tenerlos, pareciendo que tu vida es un guion preestablecido del que poco podrás cambiar.

Como en la mayoría de los casos de mis contemporáneos el paso a la preparatoria fue fundamental para sentar las bases de la toma de las grandes decisiones, específicamente de una de las más importantes: mi profesión. ¿Qué quiero estudiar? Y no es sencillo aventurarse a meditar sobre el tema por muchas cuestiones, edad, inmadurez, influencias, sobre todo en una época en la que es difícil centrar las ideas cuando estas apenas conociendo el mundo.

Es cuando las influencias positivas generan en tu interior un cambio, cuando el profesor de filosofía, que dista de ser el prototipo que la sociedad consideraría como ideal toca fibras en tu pensamiento que hacen que consideres ciertas posibilidades. Ese docente de pantalón de mezclilla y camisa a cuadros, con la barba crecida sin mucho cuidado te habla del ser y del deber ser, menciona a personajes como Hobbes, Rosseau, Santo Tomás de Aquino y una pléyade de ilustres pensadores cuya filosofía genera ganas de aprender más, y el golpe más fuerte (en el mejor de los sentidos) es cuando se habla de la palabra justicia, porque quizá, solo la conocíamos puesto que era el ideal de los superhéroes compañeros de nuestra infancia, y te das cuenta entonces de que el concepto es global y de que precisamente es justicia la demanda de cualquier sociedad en cualquier etapa de la evolución humana y de que también es muy difícil de entender ese concepto aún los más avezados en el tema.

Esto me daba ya una ventaja enorme para tomar mi decisión, sin embargo aún estaba lleno de dudas, algunos de mis amigos y compañeros ya estaban seguros de su futuro, algunos incluso, desde que llegaron a la prepa, pululaban los comentarios a pocos meses de terminar esa etapa formativa en la que aseveraban que su futura profesión era la mejor, que ahí tendrían la oportunidad de desarrollar sus talentos con sin igual éxito, contaduría, ingeniería, ciencias políticas, otros optaban por la medicina, las lenguas la administración o la actuaría.

Fue justo el momento en el que solicite la opinión a quien quizá, debí consultar en primera instancia, tal vez porque al verlo desarrollar su trabajo cotidiano y percatarme de que era feliz con lo que hacía, con lo que sabía y decía me parecía obvia la respuesta que me daría: Papá, he pensado mucho en mi porvenir y creo que quiero ser Abogado, ¿Qué opinas? Él sin tratar de esconder una sonrisa de satisfacción atinó a decirme:

“Solo puedo decirte que desde mi personal perspectiva no existe profesión más digna y noble que la del Jurista, y si la tomas en serio, no solo como parte de tu vida, sino como tu vida misma, si le entregas estudio, sacrificio y dedicación permanente te devolverá toda clase de satisfacciones no solo profesionales, sino también personales, y podrás ser una persona útil para la sociedad al convertirte en un vehículo en esa búsqueda permanente de justicia, sin embargo la decisión es tuya”.

En ese momento mi padre materializaba con gran satisfacción y efectividad lo que señaló a mediados del siglo pasado Eduardo Juan Couture Etcheverry en lo que se conoce como el último de los mandamientos del decálogo del Abogado:

“Ama tu profesión. Trata de considerar la Abogacía de tal manera que el día que tu hijo te pida consejo sobre su destino, consideres un honor para ti proponerle que sea Abogado”.

Hoy extraño esas épocas de estudiante, de inocencia, de sueños y esperanzas con la satisfacción de ser un orgulloso miembro del gremio de profesionistas de la ciencia jurídica, de ser un apóstol de la Justicia y creo firmemente que el derecho es el arma más efectiva para hacer de las sociedades un mejor lugar, que la ley puede ser el vehículo para lograr mejores estadios de vida para el ser humano.

Gracias Papá.

⭕ Carpe Diem

Víctor Aguilar Abogado

3 comentarios en “Mi Razón de Ser Abogado

  1. Excelente publicación, recordar estas etapas y momentos especiales que marcan nuestro camino en la vida, es suspirar y sentir la satisfacción de estar en el camino correcto.
    Felicidades y enhorabuena!!!

    Le gusta a 4 personas

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