1888 el Año de Jack El Destripador

Autor: Iuris Consultora Legal

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Jack El Destripador es el nombre dado a uno de los asesinos seriales más famosos de la historia, quien se cree tuvo al menos cinco víctimas en el área de Whitechapel (Londres, Inglaterra) en la época de 1888. sabemos que es él por la capa y el sombrero de copa.

Eso puede ser un error, porque esa imagen grabada a fuego por la cultura pop no se corresponde con lo que contaron todos los testigos. La capa y el sombrero eran, de hecho, el disfraz de Hyde en “El extraño caso del Doctor Jekyll y Mr. Hyde”, que se acababa de estrenar en un teatro del West End cuando se cometieron los crímenes. La prensa culpó a la obra de haber inspirado los crímenes (hoy sería Tarantino o los videojuegos) y dibujó una y otra vez al asesino como el personaje de Stevenson.

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En 1888 no había cielo azul, era negro y gris por los humos de la industrialización y apestaba a un hedor profundo de las fábricas de cerveza y de los curtidores, que hervían el cuero en orín, lo inundaba todo a peste.

La verdadera identidad del asesino nunca fue revelada, y el misterio del caso ha despertado el interés de miles de personas en todas partes del mundo, su sadismo fue una de las claves por las que Jack comenzó a encarnar el modelo de asesino macabro, mató a un número indeterminado de mujeres que trabajan como prostitutas en el East End de Londres en 1888.

El nombre se originó a partir de una carta escrita por alguien que afirmaba ser el asesino, publicada en la época de loa crímenes aunque también fue llamado “el Asesino de Whitechapel” y “Leather Apron” (Mandil de Cuero).

Los terribles crímenes tuvieron lugar en el área de la milla que envuelve los Distritos de Whitechapel, Spitalfields, Aldgate y la propia ciudad de Londres, ahí hay un callejón, Saint James Passage, donde las mujeres ofrecían el “two penny knee trembler”, (dos peniques por un polvo de pie que hacía temblar las rodillas); a una de las víctimas, Eddowes, la vieron allí por última vez con un hombre que llevaba el sombrero de Sherlock Holmes (Que es tan buena pista como decir hoy que usa pantalones de mezclilla).

La penúltima noche de agosto de 1888, hubo tormenta en Londres y dos incendios en los muelles tiñeron el cielo de rojo; en el East End, un millón de personas dormían hacinadas. Cuatro peniques por un colchón en el suelo de un albergue; por dos, rope money, se podía dormir acuclillado, el cuerpo sujeto a la pared por una cuerda. Muchos preferían calentarse en los pubs. había 45 en una sola milla de Whitechapel Road, la jarra de ginebra costaba un penique. Mary Ann Nichols se había bebido varias veces el importe de su alojamiento. “Conseguiré el dinero pronto”, le dijo al casero, “¿no ves que llevo un bonito sombrero nuevo?”. A las 3.40 la encontraron degollada, el vientre rajado, el monstruo de Jack el Destripador había aparecido, andaba suelto.

No fue el primer asesino en serie, pero fue probablemente el primero en aparecer en una gran metrópolis en un tiempo en que la población general se había vuelto más letrada y la prensa era una fuerza de cambio social.

El Destripador apareció cuando había un tremendo torbellino político, y tanto los liberales como los reformistas sociales. al igual que los independentistas irlandeses intentaron usar los crímenes para sus propios fines.

Había que responder a la pregunta interminable: ¿quién fue Jack? El pintor Walter Sickert, el Príncipe Albert, un carnicero, una mujer, un masón, un Judío. Hubo entonces como ahora, teorías para todos los gustos; en la prensa del XIX, cada día aparecía un sospechoso, y era comúnmente aceptado que un inglés no podía ser el autor de tan brutales actos. El pueblo pedía un culpable y miraba a los judíos, la mayor población inmigrante del East End.


Los Periódicos

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Cada día de las actividades de el Destripador, fue reflejado en los periódicos, así como los resultados de las investigaciones y las acciones llevadas a cabo por la policía. Incluso los sentimientos de la gente que vivía en el East End, y los editoriales que atacaban a los diversos estamentos de la sociedad aparecían cada día para que los leyese la gente de Londres y de todo el mundo.

Fue la cobertura de la prensa la que hizo de estos asesinatos “una cosa nueva”, algo que el mundo nunca había conocido. La prensa fue también parcialmente responsable por crear varios mitos que rodeaban al Destripador y acabó convirtiendo a un penoso asesino de mujeres en un “coco”, que ahora se ha convertido en una de las más icónicas figuras de la Historia contemporánea.


Las Víctimas y los Feminicidios

En esa época complicó la averiguación de cuántos de esos asesinatos habían sido cometidos por un mismo individuo, la Policía Metropolitana de Londres identificó 11 cometidos entre abril de 1888 y febrero de 1891.

Aunque no había certeza para asegurar que todos habían sido obra de una misma persona, cinco de ellos sí tenían varios elementos en común y se atribuyeron a Jack el Destripador, cuyo modus operandi se caracterizaba por cortes en la garganta, mutilaciones en el área genital y abdominal, extirpación de órganos y desfiguración del rostro. Estos asesinatos suelen denominarse «los cinco canónicos» para distinguirlos del resto de los 11 expedientes de los feminicidios.

Los asesinatos conocidos como las “cinco canónicas” en el área de Whitechapel de Londres fueron los cometidos entre agosto y noviembre de 1888. Las víctimas fueron Mary Ann Nichols, Annie Chapman, Elizabeth Stride, Catherine Eddowes y Mary Jane Kelly.

Estás cinco víctimas de Jack se cree que fueron asesinadas en un lapso de 12 semanas, todas ellas trabajaban como prostitutas, y excepto una, todas fueron brutalmente mutiladas. Las habilidades quirúrgicas del asesino han generado muchas especulaciones y hay quienes aseguran que se trataba de un doctor o un carnicero. En ese momento, la policía sospechaba que lo más probable es que el homicida en serie fuera un carnicero, debido a la forma en que sus víctimas fueron asesinadas y al hecho de que fueron descubiertas cerca de astilleros, donde se traía carne a la ciudad.

La cronología de las víctimas fueron las siguientes:

• Mary Nichols: 31 de Agosto de 1888.- Fue descubierta en Buck’s Row (actualmente Durward Street, Whitechapel).
• Annie Chapman: 8 de septiembre de 1888.- Fue descubierta en el patio trasero de 29 Hanbury Street, Spitalfields.
• Elizabeth Stride: 30 de septiembre de 1888. – Fue descubierta en el Dutfield’s Yard de Berner Street (actualmente Henriques Street, Whitechapel).
• Catherine Eddowes: 30 de septiembre de 1888.- Fue descubierta en Mitre Square en la Ciudad de Londres.
• Mary Kelly: 9 de noviembre de 1888.- Fue descubierta en su casa, 13 Miller’s Court, de Dorset Street, Spitalfields.

Mientras muchos creen que el Destripador murió, fue encarcelado, o emigró luego de esos cinco asesinatos, los oficiales de la policía añadieron posteriormente cuatro víctimas más a su lista:

  • Rose Mylett: 19 de Diciembre de 1888. – Fue descubierta en Clarke’s Yard, High Street, Poplar.
  • Alice McKenzie: 9 de Julio de 1889. – Fue descubierta en Castle Alley, Whitechapel The Pinchin Street.
  • Solo torso: 10 de Septiembre de 1889.- Fue descubierto en Pinchin Street, Whitechapel.
  • Frances Coles: 13 de febrero de 1891. – Fue descubierta en Swallow Gardens, Whitechapel.

Las Cartas

 

 

Otro aspecto del caso que ha generado bastante interés son las cartas enviadas por el asesino a la policía y a los periódicos. La más famosa de estas cartas fue titulada “Querido Jefe”, y estaba firmada por “Jack El Destripador”, dando así al asesino el apodo legendario por el que se le conoce aún en la actualidad.

Aunque son muy altas las probabilidades de que esta carta realmente no haya sido escrita por el asesino sino por algún periodista para generar más interés en el caso (objetivo que claramente fue alcanzado), la existencia de esta carta desató el envío de cientos de cartas similares que estuvieron cerca de sabotear por completo las investigaciones policiales.


Modus Operandi

Extrañamente, hasta hace pocos años no se tuvo una completa comprensión del modus operandi del Destripador. El asesino de Whitechapel y su víctima estaban cara a cara. Cuando se levantaba la falda, las manos de la víctima estaban ocupadas y se encontraba indefensa. El Destripador agarraba a la mujer por el cuello y la estrangulaba hasta que quedaba inconsciente, si no muerta. Las autopsias revelaban constantemente claros indicios de que las víctimas habían sido estranguladas. En el pasado algunos escritores creyeron que el Destripador atacaba a sus víctimas desde atrás, pero es una extraña teoría: había riesgo de que pudiesen gritar o defenderse.

El Destripador colocaba a sus víctimas en el suelo, sus cabezas vueltas hacia su izquierda. Esto ha quedado probado por la posición de los cuerpos en relación a los muros y vallas que muestran que no había espacio para que el asesino atacase los cuerpos desde el lado izquierdo. No hay golpes en las cabezas de las víctimas, lo que indica que colocaba los cuerpos en el suelo, más que tirarlos o dejarlos caer. Dado el tiempo inclemente y la suciedad de las calles es inaceptable que las prostitutas y sus clientes llevasen a cabo sus transacciones en el suelo. Cortaba las gargantas cuando las mujeres estaba en el suelo.

Las manchas muestran que la sangre manaba bajo el cuello y la cabeza de las víctimas más que de la parte frontal, que es donde manaría si hubiesen estado de pie. En un caso se encontró sangre en la valla a unas 14 pulgadas del suelo, y del lado opuesto al de la herida del cuello y eso muestra que la sangre manaba del cuerpo mientras estaba boca arriba en el suelo. Este método también evitaba que el asesino se manchase de sangre. Al cortar la garganta de la víctima de izquierda a derecha, la sangre manaba directamente en dirección contraria a él. Si la víctima ya estaba muerta antes de cortarle la garganta, entonces la sangre no sería demasiada.

Entonces el Destripador procedía a las otras mutilaciones, todavía desde el lado derecho de la víctima, o posiblemente mientras se inclinaba sobre el cuerpo, cerca de los pies. En algunos casos las piernas estaban alzadas, lo que reduciría la distancia entre el abdomen y los pies. No se detectó ningún signo de actividad sexual. Normalmente se llevaba alguna víscera de la víctima.

Llevarse un “trofeo” es una práctica común entre los actuales asesinos en serie. En opinión de la mayoría de los cirujanos que examinaron los cuerpos, el asesino debía poseer ciertos conocimientos de anatomía para hacer lo que hizo. En un caso extrajo un riñón desde la parte frontal, y no dañó ninguno de los órganos circundantes. En otra ocasión extrajo los órganos sexuales con un limpio golpe de cuchillo.

Dadas las circunstancias de los crímenes: en campo abierto y al exterior, con oscuridad total, con un ojo pendiente de sí se acercaba alguien y con muy poco tiempo de ejecución, el Destripador casi seguramente tenía alguna experiencia con el bisturí.

A día de hoy, la historiadora británica Hallie Rubenhold  ha publicado un libro The Five‘, en el que revela nuevos elementos que pueden servir para completar el perfil psicológico del asesino, da a conocer públicamente una serie de datos desconocidos hasta la fecha, mimos que tienen que ver con el momento de los cinco asesinatos: el Destripador no forcejeó con ninguna de sus víctimas, sino que mató a las cinco mientras dormían. Eso es lo que se desprende de los informes realizados en las cinco autopsias que llevaron a cabo los forenses que analizaron los casos.


Pruebas

Si los Investigadores Forenses hubieren existido entonces, Jack no habría durado tanto tiempos impune. Pero en 1888 la policía no podía distinguir la sangre animal de la humana, no había huellas dactilares y se creía que la última imagen vista permanecía impregnada en los ojos del muerto (para recogerla estaba el retinoscopio de Thorington), también  están las cartas firmadas por el Asesino, el bastón del detective Abberline, las pertenencias de las víctimas, los escalofriantes informes forenses y los bocetos de las escenas criminales (sketchs) y las terribles fotografías de las mujeres mutiladas.

En esta época anterior a la Criminología y ciencias forenses, la única forma de probar que alguien había cometido un asesinato era sorprenderlo en el acto, o conseguir que confesase. Un rasgo interesante del caso es que no una, si no dos fuerzas policiales llevaron a cabo investigaciones, porque había dos Londres, la poderosa y de dinero, y al otro lado, la de los miserables a secas: la City Police y la Metropolitan Police (Scotland Yard), que en 1888, a punto de enfrentarse a uno de los casos más peliagudos de su historia, vivía una crisis interna por cierto.

La policía de la ciudad de Londres (la City Police) parecía haber hecho un mejor trabajo aunque tampoco atraparon al asesino. Los oficiales de policía de la ciudad hicieron dibujos de la escena del crimen, sacaron fotografías a la víctima Eddowes, e incluso aunque no estaba en su jurisdicción, sacaron fotografías de la víctima Kelly (ella fue la única víctima fotografiada en la escena del crimen).

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Una de las diferencias entre el liderazgo de las dos fuerzas fue por el grafito encontrado en Goulson Street la noche del “doble evento”. Un trozo del delantal de Eddowes, que el Destripador usó para limpiar su cuchillo, fue encontrado en una entrada que tenía un mensaje en la puerta.

Ese mensaje, “Los Juwes son los hombres que no serán culpados por nada”, podría haber sido escrito por el Destripador y los oficiales de policía de la ciudad querían fotografiarlo. Warren creyó que dejarlo ahí hasta que hubiese luz para sacar la fotografía podía causar disturbios contra los judíos que vivían en Whitechapel, por parte de los fanáticos residentes ingleses que ya los creían responsables de las muertes. Warren ni siquiera aceptó borrar o cubrir sólo la palabra “juwes“.

Muchos fueron los sospechosos detenidos y señalados de ser Jack El Destripador: desde asesinos vulgares, a violadores o enfermos mentales, pasando por prohombres de la época como: el Dr. William Gull, el pintor Walter Sickert o incluso Alberto Víctor, el hijo del Rey Eduardo VII.

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A más de 130 años del asesinato de Mary Jean Kelly, la última víctima de Jack El Destripador: dos siglos después, sigue sin conocerse el nombre del asesino en serie más famoso de todos los tiempos.


Epílogo

Puede que más allá del escalofrío, Jack el Destripador sirviese de catalizador para cambiar un mundo en el que sólo uno de cada cinco bebés sobrevivía, pero entonces, como hoy, Whitechapel y el East End son mucho más que el crimen al que están unidos.

Un crimen sin resolver es un acertijo fascinante. El asesino que se sale con la suya se convierte en mito, haciendo sombra a las víctimas. “La interminable obsesión con Jack el Destripador da glamour a los asesinatos en serie y trivializa la violencia contra las mujeres”, desde hace tiempo, la corrección política y las protestas de grupos feministas (que obviamente criticaron duramente la celebración del centenario de los crímenes en 1988) han puesto el acento sobre la desesperada situación de las mujeres de clase baja en el siglo XIX:

“No eran prostitutas, trabajaban como prostitutas”, el rastro de estas mujeres no debe buscarse en las escenas del crimen. Sus vidas arrojan luz a lo que fue una realidad brutal: alcoholizadas, enfermas, desdentadas, sin techo, portaban todas sus pertenencias a cuestas: en los bolsillos de Nichols, Polly para los amigos, había un peine, un pañuelo y un trocito de espejo.

La Historiadora Hallie Rubenhold en su libro “The Five“, propone que no todas esas víctimas eran mujeres que se dedicaban a la prostitución, que alguna sí, que alguna otra lo fue, pero que otras eran trabajadoras, la autora considera que históricamente se ha cometido el error de creer que las cinco fallecidas eran prostitutas, una situación que pudo deberse a ciertos errores policiales durante el caso, pues solo se trataba de mujeres con pocos ingresos. “Las historias de estas mujeres son extraordinarias y únicas, y durante casi 130 años los medios las han simplificado en exceso”.


 La conclusión determinante es que hay cinco víctimas universalmente reconocidas del asesino y al que algunas teorías atribuyen, además, otras seis, que en total en ese período de tiempo arroja 11 feminicidios impunes por varios Jacks, ese es un hecho cierto en todo lo incierto de éste caso y hace que el fantasma del Destripador siga rondando las historias y mitos de los asesinos seriales sin razón ni justificación alguna de sus conductas y crímenes.

⭕Carpe Diem

~Iuris Consultora Legal~

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