Me quedaré con ellos

Autora: Marcela Victoria

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Con amor para: Arturo, Emiliano, Hannah, David, Ana & Alexander

«El sufrimiento de los pequeños no es un sufrimiento pequeño. Por eso, debemos ayudarlos y escucharlos». 

~Janusz Korczak

El Estado mexicano, al suscribir la Convención sobre los Derechos del Niño, adquirió el compromiso de promover, respetar, proteger y restituir los derechos de niños y adolescentes asegurando su desarrollo integral.

La Convención es un compromiso que nuestro país contrajo para adoptar todas las medidas administrativas, legislativas, y jurídicas a fin de dar mayor efectividad al reconocimiento y ejercicio de los derechos que contiene. Es obligatorio reconocer la gama completa de los derechos humanos de este grupo de población, y a tenerlos en cuenta en las decisiones legislativas, razón por la cual abro un pequeño paréntesis, ya que, al momento de redactar el presente, en México se publican políticas de recorte presupuestal para estancias infantiles y eliminan la aplicación de la prueba de Tamiz neonatal, estas acciones son violatorias de Derechos Humanos, ya que colocan a los menores en desigualdad social y privan su desarrollo integral completo.

La no aplicación de la prueba de Tamiz neonatal pone en peligro su salud ya que esta constituye una forma eficaz de prevención de enfermedades. Por ello pido a nuestras autoridades se restablezca a la brevedad el goce de derechos de los niños y hago énfasis en reflexionar sobre brindar bienestar a niños y adolescentes, a convertirlos en prioridad para garantizar a este país un mejor futuro, hasta aquí cierro paréntesis.

Así mismo las autoridades deben poner en práctica el cumplimiento del contenido de la Convención, a través de reformas, capacitación de autoridades y los protocolos necesarios para orientar la actuación en la impartición de justicia. El marco jurídico actual brinda una protección amplia pero no mejoró la situación que se vive, leía hace unos días en los titulares de los diarios de mayor circulación “Es peligroso ser niño y adolescente en México”, esto tiene sustento en los numerosos casos de muertes violentas, desapariciones, abuso sexual y rezago social. Cifras de la OCDE exhiben la magnitud de un problema que va en aumento: México ocupa el primer lugar dentro de 33 países, en violencia física, abuso sexual y homicidios cometidos contra menores de 14 años.

Quiero enfatizar que hay muy buenos mecanismos judiciales que garantizan los derechos de niños y adolescentes, pero dependen en gran medida de la colaboración de toda la sociedad porque es responsabilidad de todos erradicar la violencia y menester que procuremos una cultura de paz, respeto y de legalidad, pero ¿Cómo podemos construir esto? Podemos empezar por “regresar” a los valores, a la indignación y cero tolerancias hacia los que menoscaban la dignidad, vida y salud de niños y adolescentes.

¿Qué clase de persona es aquel que hace tocamientos de tipo sexual a un menor o un adolescente?

¿Quiénes en sano juicio adoptan conductas de agresión física y verbal hacia ellos?

¿Cuándo nos volvimos tolerantes y se nos acabó la indignación ante los problemas que padecen menores y adolescentes?

En estos momentos pedir que la sociedad ame a los niños y adolescentes puede sonar sin sentido, pero uno solo cuida lo que ama.

Este artículo pretende ser una invitación a recapacitar como sociedad acerca de la difícil situación que viven niños y adolescentes, a convertirnos en sus protectores, porque si la situación actual no nos conmueve, ¿Qué puede hacerlo? Como sociedad debemos conectarnos con la realidad.

En el marco de la celebración del “Día del Niño”, hago un llamado a que amemos a cada niño y adolescente como nuestro. Para darle imagen a mi sentir expongo la vida de un hombre (me cuesta ensalzar al ser humano) sin embargo, mi papá hace muchos años me leyó un libro llamado “Cómo amar a un niño” y al conocer la historia de su autor supe de inmediato que debía presentar su ejemplo para despertar el amor hacia los niños y adolescentes.


Valiente y con fuertes convicciones, estoy segura que lo que motivó en todo momento a Janusz, fue el amor que tenía por “sus” niños. Médico de profesión, pediatra de ejercicio, escritor, algunas de sus obras fueron del género infantil, hay quienes lo llaman pedagogo, lo cierto es que en su interior había interés de contar historias que colocaban a los niños como personajes inteligentes y aptos para toda buena obra, su verdadero nombre Henryk Goldszmidt, durante sus primeros años de profesión, prestó sus servicios asistiendo a niños víctimas de guerra, esta experiencia lo puso en contacto con el dolor y sufrimiento de ellos de manera muy profunda, en ese momento de su vida fue cuando tomó la decisión de fundar un orfanato.

Un hogar para niños judíos víctimas de guerra, un lugar especial donde se alentaba su capacidad haciéndolos libres e independientes, Janusz, convirtió el orfanato en una pequeña República, con corte de justicia y periódico local, todo realizado por los niños, era evidente que quería prepararlos para la vida. En esa etapa tuvo un programa de radio donde presentaba las actividades de los niños, pero el alentador proyecto pronto seria censurado por un grupo antisemita.

Janusz Korczak, luchó para que los niños y adolescentes fueran tratados por los adultos con delicadeza y respeto, como sus iguales, pero como pasa en todo el mundo, la guerra, la violencia, la maldad, no se frena ante la niñez y en el año 1942, sin que alguien pronunciara palabra, cerca de 200 niños fueron formados en fila para ser llevados a un gueto en Varsovia, Janusz, al frente, quedó registrado en la historia que él voluntariamente decidió que pasaría la falta de comida y miseria junto con ellos, siguió firme en su convicción de no dejar solos a los niños que tanto amaba. En el tiempo que transcurrió en el gueto, perseveró además en conseguir fondos para sustentarlos y procuraba hacer volar sus mentes para “tratar de ser felices” en ese horrible lugar.

Su fama de escritor traspasaba las barreras de aquel gueto, según se sabe, un hombre se coló al lugar para exhortarlo a salir de ahí, Korczak tuvo varias oportunidades de salvar su vida y huir, pero rechazó en todo momento dejar solos en el gueto a sus niños del orfanato.

Janusz Korczak, fue un hombre de convicción, que la vida fue preparando en valentía y que con un profundo amor por los 192 niños y adolescentes del orfanato que dirigió, los acompañó a la muerte en una cámara de gas, me quedaré con ellos, dijo, con esta heroica acción nos enseñó cómo amar a un niño.

Carpe Diem
M. en D. MARCELA A. VICTORIA LEGORRETA
Maestría en Derecho Penal con Especialidad en materias Civil y Amparo
 Directora Comercial de la Agencia VICTORIA BIENES RAÍCES
Profesional inmobiliario certificado C.O.N.O.C.E.R.
Av. Las Torres · 308 despacho 303 Lázaro Cárdenas, 
Metepec, Estado de México C.P. 52179
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